sábado, 18 de julio de 2020

LAS TIJERAS





















LAS TIJERAS
Yo de pequeño, no tuve la suerte que tienen los niños de hoy. El tener mis propias tijeras. Cogía las de mi madre cuando ella se daba la vuelta o tenía  que salir a abrir la puerta de la casa. Como en esto de cortar he sido siempre algo bruto me decía:”Ten cuidado no me las “embotes”.
¡Qué bonita palabra! Desafilar, mellar, despuntar. Hacer romos filos y puntas de las armas”
A mí me encantaban las tijeras de mi madre, alguna vez se las quise afilar con una piedra muy delicada que había cogido en el río. Pero me decía: ¡No se te ocurra, eh! Y me fastidiaba porque para mí, las tijeras deberían de servir para todo, de destornillador, de martillito, de sacapuntas y por tanto limitaba mis quehaceres.
Las tijeras eran un instrumento mágico, tan mágico que mi abuela me decía: “las tijeras nunca se deben dejar abiertas. Pero…¿Por qué, abuela? Porque dan mala suerte? ¿Y qué, es eso de la suerte, si yo no juego a la lotería…” Y se reía, ya lo entenderás, dan mala suerte. Por ejemplo: te echas una novia y tienes  encima de la mesa las tijeras abiertas, no te va a salir buena. ¿Tú, te crees que yo me voy a echar ahora una novia ? Y otra vez la risa.¡Qué pena no haber tenido por aquel entones, bueno y ahora, la facilidad de saber  escribir un  relato que llevara por nombre “ El niño que no tenía tijeras”.
De pronto, recortando un artículo del periódico, me di un pequeño corté.
¡Lo viste..!, por dejar las tijeras abiertas.
¡Mutis! Lo tendré en cuenta cuando siga cortando el papel, porque ahora me van a poner un poquito de algodón con alcohol y eso me da mucha rabia. Como las tijeras estaban un poquito oxidadas, un poquito sólo, me dice mi padre: ¡Por poco te salvas de ponerte la antitetánica.
¡Qué rabia cuando empiece a ganar dinero me compraré mis propias tijeras! Cortaré lo que quiera y procuraré que siempre estén limpias para no tener que ponerme  esa inyeccioncita que dicen que duele los suyo.
DELICADÍSIMA ODA  A  MIS TIJERAS
No te cortes cuando cortes
Ambiciona y corta mucho
            Tú tienes mejores portes
                        Que el tontorrón del serrucho.
Eres tan noble y sencilla
            Que te admira la palanca
                        No esa  que es de Salamanca
                                   Que lo que no corta o pilla
                                               Con seguridad lo arranca
                                                     O bien lo tritura o trilla.
Eres sí, de Salamanca
            Y estarás siempre cerrada:
“Académica palanca”.
            Y por gracia, eternizada.
Al filo de tus posturas
            Y cuchillitas de aceros
                        Con rectitud tú procuras
                                   Ser fiel a dos agujeros
                                               Que guían tus aperturas.



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