domingo, 2 de abril de 2017

EL LAPICERO
















EL LAPICERO
No sabemos porque el lapicero se tiene que llevar tantos elogios, cuando no es más que un simple mediador-eso sí muy importante-. Seguro que hubiera alguien que le gustaría que nos detuviéramos a hablar únicamente de él. De sus líneas tan atractivas, dureza o blandura de minas, diferentes usos, de alegres rodajes deslizándose con suavidad de una pendiente infantil realizada con una regla y una goma. Tendríamos que detenernos más en su uso. En una ocasión escuchábamos a alguien que presumía de saber leer y escribir a los seis años. Cuando le dijimos que mal cogía el lapicero, la culpa a los maestros. Se aprende a cogerlo en la educación infantil.
EL MÁS ALLÁ DEL LAPICERO
Pero el lapicero decíamos anteriormente no es más que un simple mediador, como lo es el pizarrín, el clavo, el dedo, la tijera, el martillo o el ratón de nuestro ordenador.
Hay algo más allá de estos grandes mediadores y así no nos cabe en la cabeza como una persona que ve en un momento determinado cualquier cosa es capaz, al cabo de un tiempo, de coger uno de esos mediadores y trasladar perfectamente lo que ha visto a un objeto como pueda ser un papel, una madera o el suelo de tierra. Con la mente ha llevado, ha plasmado, ha transformado podríamos decir por arte de magia. Que no lo es, algo de un lugar a otro con gran exactitud.
¿Qué poderes tiene la mente que en este caso no es más que otra mediadora, para que se tengan facultades para poder realizar eso? ¿Quién mueve en realidad la mano?
Lo siento por ti Lapicero, aunque te tenga un gran aprecio.


  





















      




































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